Blog dedicado a la Psicoterapia, al Crecimiento Personal y a la Musicoterapia.

La Psicoterapia es la aplicación de técnicas psicológicas con la finalidad de ayudar a las personas a modificar estructuras y patrones de comportamientos no deseados, a conocerse mejor y a descubrir y resolver sus conflictos emocionales. Indicaciones de la Psicoterapia: Estrés, ansiedad, inseguridad, inmadurez, problemas con los hijos, baja autoestima, obsesiones, miedos, malhumor, depresión, estados de tristeza, y problemas de pareja.

La Psicomusicoterapia es una técnica terapéutica que utiliza diversos tipos de música para influir en el ser humano tanto física como psíquicamente. Es muy efectiva en tratamientos de relajación, estrés, insomnio y baja autoestima.

10.13.2010

Lenguaje no verbal

El lenguaje no verbal: gestos, posturas, apariencia, expresión facial, comunicación táctil y la distancia entre personas que interactúan, lo usamos constantemente. La información no verbal oscila entre el 60 y el 70% de lo que expresamos. La comunicación no verbal se aprende, es espontánea, imitativa e innata. Tanto el lenguaje verbal como el no verbal nos vienen condicionados por el entorno sociocultural y familiar en el que nos hemos desarrollado.

El lenguaje no verbal que manifiesta estados emocionales como el enfado, la alegría, el disgusto, el miedo, la sorpresa, o la tristeza puede tener pequeñas variantes, aunque mayoritariamente el gesto es igual en todos los países. Hay gestos para expresar estados internos como tener hambre o sed, estar cansados, o querer dormir que no cambian según el lugar donde nos encontremos. Hemos de tener en cuenta que hay movimientos gestuales que dependiendo del país tienen distinto significado, como el gesto del NO, que en Etiopía se hace moviendo la cabeza de arriba a bajo en lugar de como se hace en otros países, que es moviéndola de izquierda a derecha. Cuando se utiliza el lenguaje no verbal, hemos de pensar en el contexto sociocultural del lugar donde estemos y a quien va dirigido, pues no siempre el mismo gesto puede tener igual significado.

Hay situaciones en que sólo utilizamos el lenguaje no verbal, por ejemplo cuando nos hacemos entender por signos. Hay signos que se comprenden en distintas culturas y los utilizamos para comunicarnos cuando desconocemos el idioma, cuando saludamos de lejos moviendo el brazo y la mano, cuando hacemos con los dedos el signo de V de victoria, o cuando movemos el dedo pulgar hacia arriba o hacia abajo para indicar acuerdo o desacuerdo.

El lenguaje verbal y el no verbal para que sean creíbles han de coincidir, pues si no es así estamos en una contradicción y nuestro discurso no es auténtico, provocando al escuchante desconcierto y desconfianza. En ocasiones, enviamos con palabras un mensaje que se contradice con los gestos y la expresión corporal; de nada sirve que digamos que nos alegramos de lo que nos comunican, si con el rostro hacemos una sonrisa de compromiso. No siempre somos capaces de expresar con el lenguaje verbal y el no verbal sentimientos opuestos sin que nos descubran. Los gestos nos delatan, a pesar del esfuerzo que hacemos para ocultar nuestras contradicciones.

Hay veces que cuando nos presentan a alguien, al poco tiempo de conversar podemos llegar a la conclusión de que no nos gusta, o al contrario, de que es una persona muy agradable. Llegamos a estas deducciones no sólo por lo que nos verbaliza, sino a través de la interpretación que hacemos de sus gestos. La comunicación no verbal es la más auténtica, no miente, es con la que transmitimos los verdaderos sentimientos.

Podemos expresar estados emocionales sólo con la expresión facial, cómo por ejemplo cuando nos sorprendemos, entre otros movimientos faciales levantamos las cejas, abrimos los ojos y la boca queda antreabierta; el disgusto lo expresamos arrugando un poco la nariz, levantamos las mejillas, y apretamos los labios; cuando sentimos miedo arrugamos la frente, levantamos las cejas y tensamos la boca; con una sonrisa podemos indicar ironía o soberbia, deseo de interactuar, o de suavizar un mensaje.
La postura que adoptamos cuando hablamos, puede ser significativa del estado emocional en que nos encontramos. En el nerviosismo y la ansiedad se pueden detectar expresiones faciales y movimientos corporales específicos. Observando la expresión facial se puede advertir pestañeo rápido, mordisqueo labial, ojos abiertos sin contacto visual, movimientos rápidos de los ojos y cejas contraídas. Si estamos atentos a la postura se advierten movimientos inquietos del cuerpo, rigidez y tensión muscular, movimientos repetitivos de piernas y pies, gesticulación excesiva de manos y se juguetea o se golpean objetos con los dedos.

La comunicación táctil favorece la interrelación, con este sentido se puede trasmitir: tranquilidad, apoyo, seguridad, cariño, comprensión, cordialidad, calma, acercamiento y también podemos ayudar a aliviar tensiones. Para manifestarnos a través del tacto, antes de utilizarlo es aconsejable primero hacer contacto ocular, después observar si al acercarnos la persona se aleja o gira la cara de lado o hacia abajo y finalmente tocar el hombro o antebrazo antes que otras partes del cuerpo para ver cómo responde. Hemos de observar la reacción que hace la persona para asegurarnos que este contacto es bien recibido, ya que puede incomodar e inquietar en según que casos, cómo en personas maltratadas o agresivas.

La estimulación táctil produce una liberación de endorfinas y encefalinas que ayudan a disminuir el dolor, también con estos estímulos se advierten cambios a nivel del sistema nervioso e inmunológico. Casi todos hemos experimentado como cogiendo la mano a alguien que está inquieto lo calma, igualmente hemos podido comprobar que cuando nos damos un golpe, instintivamente ponemos la mano encima de la zona dañada para apaciguar un poco el dolor.

Cuando estamos con alguien hemos de tener en cuenta, para no invadir su espacio, la distancia que dejamos entre nosotros. Con la distancia espacial indicamos que clase de relación queremos establecer. Hay situaciones, como cuando subimos en el transporte público y está lleno de gente, que sin quererlo invadimos el espacio de otra persona. Cuando ocurre esto nos sentimos turbados y en estos casos, para no incomodarnos, acostumbramos a bajar la mirada, o nos ponemos los brazos delante del cuerpo. Hay que tener en cuenta que la distancia entre personas que interactúan varía según las culturas.

Georgina Bermejo

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