Blog dedicado a la Psicoterapia, al Crecimiento Personal y a la Musicoterapia.

La Psicoterapia es la aplicación de técnicas psicológicas con la finalidad de ayudar a las personas a modificar estructuras y patrones de comportamientos no deseados, a conocerse mejor y a descubrir y resolver sus conflictos emocionales. Indicaciones de la Psicoterapia: Estrés, ansiedad, inseguridad, inmadurez, problemas con los hijos, baja autoestima, obsesiones, miedos, malhumor, depresión, estados de tristeza, y problemas de pareja.

La Psicomusicoterapia es una técnica terapéutica que utiliza diversos tipos de música para influir en el ser humano tanto física como psíquicamente. Es muy efectiva en tratamientos de relajación, estrés, insomnio y baja autoestima.

9.22.2011

EL LLANTO

Los niños lloran cuando se hacen daño, cuando quieren o se les quita algo que aprecian, cuando se les contradice y quieren salirse con la suya, etc. estos lloros sólo los provoca la causa que los motiva.

De adultos cuando nos pasa una adversidad o sentimos pena también lloramos y éste estado psíquico de desolación, frustración o incertidumbre que provoca el llanto, cuando nos consuelan lo podemos cambiar por una actitud más positiva, conscientemente hay una causa real que nos provoca el malestar; el consuelo y el entender la situación hace posible este cambio. También lloramos por causas aparentemente tangibles y objetivas, pero estos llantos ya no pueden ser consolados con facilidad y nos es muy difícil entender el porqué ante esta situación que nos proporciona tristeza nos sentimos tan desprotegidos y abandonados si, aparentemente, no hay motivos para tener este sentimiento tan profundamente triste. Esta desmesurada pena y estos lloros tan desconsolados y victimistas se deben a que la emoción que provocó los sollozos reales ha sido maximizada por sentimientos nocivos sin resolver y reprimidos y almacenados en el inconsciente.

También se puede llorar siendo adulto, cuando se rememoran sucesos pasados o de nuestra niñez. Este llanto puede surgir en circunstancias nostálgicas como cuando se evocan o se miran fotografías de épocas anteriores, se hace alguna actividad que nos recuerda cuando éramos niños, el final de unas vacaciones, algunas despedidas o, como el escuchar una música que nos ponga en contacto con acontecimientos emocionales pasados. Este llanto melancólico puede aparecer ante cualquier hecho actual que nos recuerde emociones antiguas de nuestra niñez provocándonos malestar emocional.

El niño hasta que no empieza su periodo de educación sólo recibe caricias y afecto por parte de sus padres, pero a medida que va creciendo se le va pidiendo que cambie su comportamiento y poco a poco se le van inculcando las normas socioculturales que ha de aprender y seguir. Si hasta entonces todo eran carantoñas, mimos y sonrisas a partir de ahora, si no cumple con las normas impuestas, pueden haber reproches, castigos, enfados y amenazas de que no le querrán. Estas amenazas le producen un sentimiento de desamparo y de rechazo afectivo por parte de quienes hasta entonces le habían protegido y querido. En esos momentos, el niño se da cuenta que sólo lo valoran, aceptan y lo quieren cuando realiza las normas impuestas, cuando no las cumple el niño se siente rechazado, culpable y con miedo a que no le quieran y le abandonen por haberse portado mal. Este sentimiento de miedo y de desamparo a perder el cariño de los más allegados lo va a reprimir y va a formar parte de su crecimiento emocional. El sentimiento reprimido irá reapareciendo de adulto cuando un acontecimiento recuerde la emoción de pérdida que había archivado de pequeño en el inconsciente.

Cuando de pequeños hemos tenido una convivencia en donde el miedo estaba presente en el ambiente familiar, ya sea por comportamientos violentos físicos, verbales o psicológicos, este temor va a formar parte de nuestra personalidad. Todos los miedos adquiridos permanecerán a lo largo de nuestra vida y nos imposibilitarán a reaccionar correctamente. Hay padres que para hacer obedecer a su hijo utilizan la violencia física o psicológica sin ser conscientes del daño psíquico que le pueden producir. Para hacer cambiar el comportamiento del niño le golpean, le insultan, le provocan miedos (pórtate bien o este señor te cogerá), para que se aplique en sus estudios lo menosprecia, hacen comparaciones con hermanos o con los niños que más destacan en la clase provocándole sentimientos de inferioridad. Otras veces el miedo lo provocan los padres a través de juegos (se ponen una sábana encima y hacen el fantasma al niño, o se esconden para darle un susto), estos juegos puede que sean divertidos para los padres pero perjudican enormemente al niño. Los padres tendrían que estar atentos para detectar cuando un comportamiento que ellos creen que es de lo más “normal”, el niño no lo recibe como tal perjudicándole emocionalmente.

Cuando al niño se le imponen las normas de comportamiento sin afecto, de forma agresiva, frustrante y sin valorarlo, de mayor tendrá una personalidad totalmente dependiente. No podrá escoger su propio destino, no sabrá asumir ni encajar sus equivocaciones y si este NO SABER le produce llanto, será un llanto desproporcionado porque le recordará emocionalmente el sentimiento de niño abandonado que le hicieron sentir de pequeño. Cuanto más severas y rigurosas sean las reglas, más intenso será el sentimiento de soledad del niño.

Según haya sido nuestra relación de pequeños con las personas de nuestro entorno más inmediato, de adultos reaccionaremos de una forma u otra ante los acontecimientos. Las influencias externas pueden llegar a reducir o a intensificar la soledad. Nuestros primeros sentimientos y vivencias irán reapareciendo a lo largo de nuestra vida, por esto es muy importante que los padres observen a sus hijos para que se percaten lo antes posible de como se desarrollan a nivel afectivo.

Cuando se ha crecido con miedos se es dependiente emocionalmente y se vive la vida según las reglas y normas de los demás. Cuando de adultos queremos tomar nuestras propias decisiones y no coinciden con las reglas aprendidas de pequeños, aparece un sentimiento de incapacidad y bloqueo emocional a alterarlas provocándonos llanto. Esta imposibilidad a reaccionar según nuestras propias vivencias, es debida a que se manifiestan los sentimientos rebeldes, de culpabilidad y penosos de la infancia producidos por los miedos y que habíamos reprimido en el inconsciente. Cuando intuimos que la emoción que nos hace llorar está amplificada y no coincide con la situación vivida, tendríamos que reflexionar y pensar que tenemos algún problema emocional no resuelto y que posiblemente son sentimientos provocados por miedos inconscientes.

El miedo nos imposibilita, por la inseguridad que nos provoca, a tomar nuestras propias decisiones por temor a equivocarnos, al que dirán, a enojar, entristecer y hacer daño a las personas más inmediatas. El miedo es un sentimiento que nos paraliza, que nos impide desarrollarnos tanto en el ámbito emocional como en el laboral, social y familiar; por esto es muy importante que cuando creamos que tenemos algún comportamiento basado en el terror, hagamos el esfuerzo de buscar ayuda psicológica para indagar y poder resolver aquellos sentimientos dolorosos reprimidos que nos impiden guiar nuestra propia vida.

Georgina Bermejo

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