Blog dedicado a la Psicoterapia, al Crecimiento Personal y a la Musicoterapia.

La Psicoterapia es la aplicación de técnicas psicológicas con la finalidad de ayudar a las personas a modificar estructuras y patrones de comportamientos no deseados, a conocerse mejor y a descubrir y resolver sus conflictos emocionales. Indicaciones de la Psicoterapia: Estrés, ansiedad, inseguridad, inmadurez, problemas con los hijos, baja autoestima, obsesiones, miedos, malhumor, depresión, estados de tristeza, y problemas de pareja.

La Psicomusicoterapia es una técnica terapéutica que utiliza diversos tipos de música para influir en el ser humano tanto física como psíquicamente. Es muy efectiva en tratamientos de relajación, estrés, insomnio y baja autoestima.

9.01.2014

LA IMPACIENCIA

El ritmo de vida actual nos lleva muchas veces a ser impacientes, el entorno social en que nos movemos favorece la impaciencia porque  se vive de forma intensa el presente sin preocuparse del futuro. Cualquier espera nos inquieta considerándola fastidiosa e indeseable, nos exigimos actuar de forma inmediata  para no sentir la ansiedad que produce la espera al considerarla que es una pérdida de tiempo y que nos roba el futuro.

Hay hechos que a los impacientes proporcionan inquietud como pueden ser: el encontrarse con algo inesperado que les obliga a cambiar sus planes, hallarse en un atasco, depender de otras personas que para su juicio son lentas, para finalizar un trabajo.  Las personas impacientes desearían controlar todo lo relacionado con ellos,  viven con la falsa creencia que pueden dominar todo aquello concerniente con su entorno, pero no es así, no se dan cuenta que hay momentos en la vida que no se pueden escoger, pero sí que nosotros podemos decidir la actitud frente a ellos para no sentirnos mal.

Nos cuesta aceptar, nos inquieta y nos irrita originándonos reacciones  más o menos agresivas, cualquier acto externo no previsto. Pensamos que podemos cambiar los acontecimientos externos que nos son desagradables, cuando éstos no dependen de  nosotros. Es natural que en un momento u otro nos podamos impacientar, pero cuando se pierden los estribos muy a menudo se pone en peligro la salud.

Nadie tiene actitudes impacientes de forma consciente cuando surge algo en nuestra vida que no habíamos previsto en nuestros planes. La actitud impaciente se manifiesta de forma mecánica y de nuestro interior, se pone de manifiesto que estamos adoptando una conducta errónea frente a los acontecimientos que se están viviendo.

Las actitudes impacientes impiden vivir el presente, entorpecen la reflexión y conducen a tomar decisiones rápidas sin meditarlas ni teniendo en cuenta las ventajas e inconvenientes de la determinación tomada, lo que provoca a menudo malos resultados.  El impaciente no tiene tiempo para esperar ni pensar, ha de actuar.

La conducta impaciente provoca malestar, insatisfacción e incluso trastornos psicosomáticos, debido a  que  frecuentemente la persona se siente frustrada y angustiada cuando no se cumplen sus objetivos en el tiempo previsto. La falta de paciencia puede llevar a conductas  nocivas como la agresividad, la irritabilidad, la bebida, incidentes violentos y también puede disminuir la capacidad de comunicación. El malestar de la impaciencia surge cuando frente a un acontecimiento negativo inesperado, se es incapaz de dirigir la atención a algo que no sea el núcleo de preocupación. Nos es difícil adaptarnos, en estas circunstancias,  a lo que nos está sucediendo al sentirnos impotentes para inducir a algún cambio  y  nos lamentamos, enfadamos y agobiamos.  La necesidad de la inmediatez es lo que nos provoca que vivamos la espera con angustia.

La impaciencia está relacionada con la infelicidad, no se puede ser feliz cuando siempre las expectativas están en el futuro  y, cuando el futuro se manifiesta en presente, la felicidad esperada se diluye porque ya forma parte del aquí y  ahora y generalmente casi nunca se ajusta a las expectativas esperadas.

La conducta impaciente como cualquier otra conducta  se aprende. Los niños imitan constantemente las actitudes y conductas de sus padres, son el mejor ejemplo y referente para ellos, por esto es muy importante que el comportamiento de los padres sea paciente y comprensivo. Los niños generalmente no tienen paciencia, cuando desean algo lo quieren en aquel preciso momento y, son los cuidadores quienes han de enseñarles  que en ocasiones es necesario y más beneficioso para ellos saber esperar para conseguir las cosas, de esta manera  van aprendiendo de forma progresiva a ser tolerantes y pacientes desde la niñez.

Georgina  Bermejo                                        
     



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