Blog dedicado a la Psicoterapia, al Crecimiento Personal y a la Musicoterapia.

La Psicoterapia es la aplicación de técnicas psicológicas con la finalidad de ayudar a las personas a modificar estructuras y patrones de comportamientos no deseados, a conocerse mejor y a descubrir y resolver sus conflictos emocionales. Indicaciones de la Psicoterapia: Estrés, ansiedad, inseguridad, inmadurez, problemas con los hijos, baja autoestima, obsesiones, miedos, malhumor, depresión, estados de tristeza, y problemas de pareja.

La Psicomusicoterapia es una técnica terapéutica que utiliza diversos tipos de música para influir en el ser humano tanto física como psíquicamente. Es muy efectiva en tratamientos de relajación, estrés, insomnio y baja autoestima.

2.08.2016

MIEDO A PERDER LA JUVENTUD


A partir de los 40 años la mayoría de las personas son conscientes de los cambios que se van originando en su cuerpo relacionados con la edad. Las primeras manifestaciones de estos cambios pueden provocar efectos adversos sobre el sentido que tiene la persona de si misma, especialmente en las mujeres que su autoestima depende de su apariencia física pudiéndoles provocar  inquietud, retraimiento o angustia e impulsándolas a  buscar procedimientos agresivos para remediarlo. Los medios de comunicación contribuyen a que las personas tengan miedo a envejecer. Sus mensajes dirigidos a que el éxito radica en permanecer siempre jóvenes y atractivos dan la imagen que la felicidad depende, muchas veces, de tener un cuerpo y un rostro joven.

Vivimos en una sociedad donde se le da un valor muy importante al aspecto y a la apariencia física joven, convirtiendo la belleza en un valor social, dificultando que se acepten los cambios físicos de forma natural. Los cambios fisiológicos  son relativamente lentos durante el inicio de la madurez para luego proceder de manera más rápida en las últimas décadas.

Las personas inmaduras emocionalmente y cuya autoestima depende de su apariencia física, los primeros síntomas de envejecimiento les crea desajustes en su personalidad originando, que el paso del tiempo no se pueda comprender con naturalidad  e induzca a tratamientos agresivos y a comportamientos inapropiados para parecer jóvenes y, muchas veces son los hijos en edad adolescente que hacen tomar conciencia a sus padres de estos cambios.

Cuando los adultos se niegan a envejecer quedan anclados en  etapas del pasado, no quieren renunciar a su juventud afianzándose a comportamientos más propios de sus hijos adolescentes que de personas adultas para disfrazar o negar su edad. Estas conductas adolescentes de los adultos suelen manifestarse delante de personas más jóvenes que ellos y,  sobre todo se ponen de manifiesto en celebraciones, fiestas o actos públicos aferrándose a los mismos juegos y manera de divertirse que sus hijos.

El mundo actual nos empuja a ser siempre jóvenes, a seguir ciertas modas, a suprimir las patas de gallo, la gordura se ha de eliminar en todas sus formas, la piel debe seguir tersa y sin arrugas para disimular la edad. Estas exigencias en exceso al culto a la propia imagen conducen, principalmente,  a muchas mujeres a estados de ansiedad y a tratamientos antinaturales que sólo sirven para auto engañarse y aplazar los signos externos naturales de la vejez.

El miedo a los primeros indicios de envejecimiento se pueden observar especialmente en conductas impulsadas por la necesidad de agradar a los demás, para constatar que se sigue siendo joven pese a los años. La seguridad personal queda sujeta al atractivo físico y se interactúa basándose en la seducción personal, cuando no hay respuestas afectivas se crea frustración e infelicidad buscando en el aspecto físico el motivo del rechazo. Las personas equilibradas emocionalmente no se quedan atrapadas  con los años en la belleza externa, sino que van entendiendo y buscando los alicientes propios de cada etapa para vivirla plenamente.

Para poder vivir en armonía, sin complejos y con naturalidad cuando se envejece, hemos de tener una personalidad sólida para no quedar prisioneros en el mito de la eterna juventud. Hemos de ser capaces de ser nosotros mismos, de expresarnos con libertad sin temores ni miedos y sin tener la necesidad de buscar la aprobación de los demás para no sentirnos rechazados por la inseguridad que sentimos debido a los primeros signos externos de envejecimiento. Vivir el presente en armonía con el pasado y el futuro, pero siempre con una mirada en el porvenir, es síntoma de madurez emocional.  

Las personas equilibradas emocionalmente aceptan que el envejecimiento es parte del proceso vital, comprenden que cada época tiene sus atractivos, retos, satisfacciones, dificultades, comodidades y posibilidades, están en la realidad y pueden sacar el máximo partido del momento vital en que se encuentran inmersas, ya que viven en concordancia entre la edad cronológica y la mental.



Georgina Bermejo

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